viernes, 26 de febrero de 2016

Nota en Hoy Canelones

Con el santalucense Marcelo Rodriguez, autor de ‘Entre el cuervo y el ángel’

Conociendo al Darno

24MarceloEl docente y comunicador santalucense Marcelo Rodriguez escribió ‘Entre el cuervo y el ángel’, la biografía de Eduardo Darnauchans más completa sobre este verdadero referente a la música popular uruguaya.

El próximo sábado 28 de noviembre, a partir de la hora 12, en la emblemática Quinta de Capurro de la ciudad de Santa Lucía, se realizará una nueva edición del denominado ‘Reencuentro de recortes’, muestra artística organizadas por el colectivo santalucense Tendales. En dicha actividad, el artista plástico Rodolfo Torres expondrá sus clásicos tendales, acompañado de la música de Martin Laco y Julio Valdez. Además, el santalucense Marcelo Rodriguez presentará en su ciudad natal su libro ‘Entre el cuervo y ángel’, dedicado a la vida y obra del reconocido músico Eduardo Darnauchans.
HOY CANELONES conversó con Marcelo Rodriguez, quien es licenciado en Comunicación y docente, y que manifiesta que, pese a escribir un libro, no se considera escritor. “Soy un tipo que investiga y elegí el formato libro porque es el que me sienta mejor, en el que me siento cómodo. A lo sumo soy un tipo que investiga, junta las piezas del rompecabezas y armo la historia”, dice.
24Cuervo 
El libro
En ‘Entre el cuervo y el ángel’, el autor realiza un trabajo minucioso, exhaustivo, basado en un cuerpo de entrevistas a Darnauchans, sumado a una profunda investigación, avalada por decenas de encuentros con personas del círculo íntimo del artista y muchos de sus colegas músicos. A lo largo de sus 480 páginas y 200 fotos, se repasan las circunstancias que permitieron forjar a uno de los músicos más singulares que ha dado el Uruguay.
Este es el primer libro escrito por Rodriguez y le llevó más de cuatro años de investigación. Posteriormente, el libro estuvo guardado en un cajón, buscando a un editor interesado. “Siempre hay un libro para ser escrito y yo encontré la gran oportunidad de hacer un libro basado en el trabajo y sobre todo en la vida de un gran artista uruguayo que es el Darno”, dice.
Cuenta que “el proceso de trabajo fue muy disfrutable, la investigación me llevó cuatro años, fueron muchas entrevistas, recolección de documentos, fotos. En ese proceso, lo más interesante fue conocer al Darno y de a poco pasar a formar parte de ese entorno. A él lo conocía de verlo por ahí, pero cuando me acerqué para presentarle la propuesta, llegué a él y le mostré que había hecho algunas entrevistas como para mostrarle la seriedad del proyecto. Entonces, empezamos una serie de entrevistas, nos juntábamos todos los jueves un par de horas en un bar y yo, a su vez, iba entrevistando a otras personas que de alguna manera estaban vinculado con su entorno”.
Figura singular
Sin dudas, la figura de Eduardo Darnauchans marcó un antes y un después en la música popular uruguaya. “Darno era un tipo muy afín a ese tipo de cosas, porque ya se habían hecho cosas de él. Además, siempre fue una persona muy sociable y abierta. El libro tiene que ver más con Darno que con el propio Darnauchans, que eso es lo más interesante”, dice.
Rodriguez recorre la vida del artista a través de entrevistas a sus amigos, músicos que tocaron con él, sus mujeres más importantes y sus maestros. “Fue muy lindo poder reconstruir su historia porque eso me ayudó más a retratar su vida”, señala el autor.
Lazos de amistad
Marcelo Rodríguez nunca fue fanático de Darnauchans, pero sí reconoce que fue una figura que siempre le interesó. “Fueron cuatro años de encuentros, de charlas, de compartir cosas y poco a poco se fue forjando un lindo lazo de amistad, que perdurará por siempre. Durante su último tiempo de vida estuve muy cerca de él. Iba a todos sus recitales y desgraciadamente viví de cerca su gran angustia por la situación del país. Sentía que su mundo se iba derrumbando. Además su salud se iba deteriorando, cada vez más”, relata.
En casa
Rodriguez destaca la satisfacción de poder presentarse en su ciudad natal, que tanto quiere y poder reencontrarse con gente querida. “Es lindo que en el pueblo reconozcan tu trabajo, siempre está bueno un mimo del lugar de donde uno viene. Estoy muy ansioso por encontrarme con gente que conozco de chico. Pese que me fui hace 30 años, Santa Lucia es mi lugar en el mundo”, dice.
Ma. Eugenia Núñez


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miércoles, 29 de julio de 2015

sábado, 27 de julio de 2013

Nota en El País Cultural, en su edición del viernes 26 de julio

http://www.elpais.com.uy/cultural
/canciones-neblinas-eduardo-darnachauns.HTML

Biografía de Eduardo Darnauchans

Canciones y neblinas

En su más de treinta y cinco años de carrera artística, Eduardo Darnauchans apenas grabó siete álbumes de estudio. Ya con su salud diezmada terminó el último, El ángel azul (2005), donde solamente puso su voz en las canciones, dejando la grabación en manos de de Alejandro Ferradás y los músicos que lo acompañaron.
 
 
Luis Fernando Iglesias
Lo separaban dieciséis años del excelente El trigo de la luna(1989) y en el medio solamente hubo algunos trabajos grabados en vivo junto a una recopilación de rarezas y canciones "encontradas" que se llamó Raras & Casuales(2002). En los primeros años de los 2000 comenzaba a vislumbrarse el comienzo del fin y algún colega -que mucho lo quería- dijo que el músico ya se había retirado "aunque no se hubiera dado cuenta". Pese a la fidelidad y apoyo de la banda que lo acompañó hasta el final - Shyra Panzardo en bajo, Guzmán Peralta en guitarra y el nombrado Ferradás en guitarra y dirección- a Darnauchans casi le era imposible completar alguna actuación sin incidentes. Se iba de tiempo, entraba mal a cantar sus versos, su voz sonaba agotada y comenzaba a parecer una caricatura de sí mismo. Pero ni siquiera ese triste final pudo empañar su figura ni mucho menos su obra, situada entre las más importantes de la música popular uruguaya.
Nacido en Montevideo el domingo 15 de noviembre de 1953, Darnauchans vivió pocos años en Minas de Corrales, de donde su familia tuvo que irse ante el boicot que sufrió su padre, médico del pueblo, por apoyar a la revolución cubana. Pasó el resto de su infancia y adolescencia en la ciudad de Tacuarembó. Bajo el ala del poeta y profesor de literatura Washington Benavídez, un grupo de jóvenes de esa ciudad comenzaron a generar una fuerte movida cultural conformada, entre otros, por Carlos Benavídez, Víctor Cunha, Eduardo Larbanois, Eduardo Milán, Carlos da Silveira, Numa Morales y el propio Darnauchans. Ese grupo fue su gran influencia en el descubrimiento de autores, libros y músicos extranjeros. Cunha recuerda que en aquella lejana Tacuarembó lo llamaban The Hollie[sic] Man (El Hombre Puro) porque "no tomaba alcohol, creía en la fidelidad y la monogamia, estaba enamorado del amor… ya tocaba la guitarra más o menos igual a lo que mostraría algunos años después en Montevideo". Su llegada a la capital se produjo a fines de los sesenta. En 1970 grabó un disco simple y en 1971 salió al mercado su primer larga duración: Canción de muchacho. Poco a poco el público reconoció a un compositor de melodías sencillas pero nunca banales y que en sus canciones resaltaba la poética de sus letras junto a una forma íntima de interpretación.

El títere.

"Yo toda la vida intenté ser algo así como un Bob Dylan, pero no me dio. En primer lugar no cantaba en inglés y no pertenecía a la zona geográfica de Dylan; entonces salí yo", confesó en una entrevista. Es fácil encontrar en su obra la influencia de sus cantautores admirados, como Dylan, Leonard Cohen o el francés Antoine Muraccoli, pero con el tiempo su figura se hizo más rica y su ubicación en el panorama musical de mediados de los setenta también compleja. No formaba parte del canto popular, movimiento de raíces folclóricas con letras que reflejaban las urgencias de la lucha contra el gobierno de facto, y los integrantes de ese movimiento miraban con recelo los aires folk y roqueros del cantante; pero en los ochenta tampoco integraría la movida del rock uruguayo post dictadura. Algo similar le ocurrió a quien fue uno de sus más estrechos compañeros musicales, Fernando Cabrera, que también parecía desacomodado en esos encuadramientos inútiles. Pese a ello, con el tiempo los dos compositores se volverían influencias importantes para los músicos uruguayos de generaciones posteriores.
Sansueña (1978), álbum producido por Jorge Galemire, se transformó en un inesperado éxito y lo transformó en un músico de considerable popularidad. En momentos en que hacía ciclos exitosos de recitales en la Alianza Francesa, fue prohibido por la dictadura un día después de la muerte de su padre. "Me robaron la juventud", dijo varias veces, sentencia que es fácilmente compartible. Pese a la prohibición continuó componiendo canciones y en 1980 grabó Zurcidor, su mejor disco, pero la tristeza de verse alejado de los escenarios lo perseguía. Con una herencia familiar de depresiones y suicidios, intentó sin éxito poner fin a sus días. Luego de la muerte de su madre se comprometió con la vida y, finalmente, la injusta prohibición concluyó.
Una vez que pudo volver a los escenarios su personalidad tímida y retraída necesitaba de un muñeco, una especie de Muppet como alguna vez lo definió, que se subiera al escenario a enfrentar al público y hacer cosas que él nunca haría en su vida particular. Así nació el Darno, ser oscuro, de lentes negros, bufanda o pañuelos rojos, delgadas corbatas, pertinaz fumador y bebedor, que cantaba frente a una platea que usualmente lo idolatraba. Ese títere inventado de a poco fue ganando la partida produciéndose un intercambio de papeles. El Darno comenzó a manejar los hilos de la vida de su creador.

Señora otra.

Es indudable que la historia de Eduardo Darnauchans tiene todos los componentes de épica, fama y tragedia que hacen a una biografía atractiva. Marcelo Rodríguez aborda esa tarea en Entre el Cuervo y el Ángel, y logra un documentado y exhaustivo repaso de la vida y obra del cantante. El lector podrá sentir que algunos detalles sobran. Agregar tres o cuatro reseñas de varios recitales es una acumulación de datos que no enriquece la historia. Sin embargo, el autor parece crecer a medida que se avanza y es dable reconocer su encomiable trabajo de entrevistas, que redondea un apreciable aporte para entender la vida del músico. Los que conocieron al cantautor, amigos, parejas y artistas que lo acompañaron, descubren detalles de la felicidad que experimentaron al compartir su tiempo con Darnauchans, pero también del tortuoso camino que a veces tomaron sus días. Los demonios que lo acechaban, sus problemas económicos, algunas desavenencias con sus músicos y la inseguridad de éstos ante las recaídas del Darno son relatados con sobriedad y respeto. El tono es piadoso y evita detalles escabrosos.
Rodríguez nunca olvida que detrás de ese personaje se encuentra el hombre que creó alguna de las canciones más importantes de la música uruguaya y que dejó su vida en tantas noches de actuación. El relato de los últimos días es de lo más emocionante de su libro, con el músico peleando contra el alcohol en un establecimiento para ancianos mientras sus amigos pedían, sin éxito, por una pensión graciable que le hiciera un poco más digna su vida. Una noche de 2007, según cuenta Víctor Cunha, un par de semanas después de que su esposa Patricia falleciera, Darnauchans pidió a la mujer que lo cuidaba en ese asilo que si lo veía llorar no lo interrumpiese y que iba a leer un libro sobre Shakespeare. Con ese libro sobre la mesa de luz lo encontraron en la madrugada, agotado de cargar a su personaje sobre los hombros y con la resolución irrevocable de descansar para siempre.
DARNAUCHANS - ENTRE EL CUERVO Y EL ÁNGEL, de Marcelo Rodríguez. Perro Andaluz Ediciones, 2012. Montevideo, 480 págs. Incluye CD inédito con el recital El trigo de la luna del 18 de octubre de 1989 en el Teatro del Notariado.