jueves, 6 de diciembre de 2012

Palabras del autor en la presentación Darnauchans "Entre el cuervo y el ángel"

Hablar de Eduardo Darnauchans es hablar de unos de los artistas más singulares que ha dado nuestro país. Su singularidad solo es comparable a su capacidad de seducción, lo que en cualquier persona podría resultar raro, extravagante, impostado, en su caso fluía naturalmente. Eduardo Darnauchans siempre sintió que debía defenderse, de la vida /supongo/ y cuando el muchacho empezó a tener cierto éxito, traducido en el reconocimiento de sus pares y en un público que sin ser numeroso, se fue haciendo fiel, Eduardo inventó al Darno, "porque tengo que diferenciar al tipo que se sube al escenario del laburante", explicaba. Así se fue convirtiendo, como él también diría, en una de las personas más viejas que conocía. Así lo encontré yo cuando empecé con esta idea, él estaba cumpliendo sus 50 años, pero su cuerpo había avanzado mucho más. Yo había hecho algunas entrevistas a gente allegada a él, como para demostrarle que la idea iba en serio, que no era otro estudiante que iba a entrevistarlo para un trabajo de facultad o de la UTU de periodismo. Siempre he rescatado, como lo mejor de este proceso, la serie de encuentros que mantuve con Darnauchans y su entorno, todos los entrevistados mostraban su simpatía hacia el proyecto y un profundo cariño a su persona. Con él mantuvimos 12 entrevistas específicas para este libro, donde lentamente se fue abriendo, confiando, advirtiendo y disfrutando del proceso. Él pensaba ser el corrector, "porque no te olvides que era mi profesión", me dijo y algo llegó a corregir, le gustó lo que leyó y cada tanto me advertía, "que no sea Radiolandia". De a poco se fue abriendo, y fuimos sumando momentos, instantes, en su casa, en los bares, en las previas de recitales cada vez más magros de público o cuando estos terminaban. Era un tiempo difícil, todo en la vida de Eduardo estaba velado por una permanente sensación de tristeza. Algunas veces, dejaba entrar un viento de ilusión, una gran bocanada que se iba desinflando con el correr de los días. Eduardo parecía saber su destino trágico, como bien lo define Eduardo Milán en el prólogo de este libro, sabía que su propia historia y la de su familia tenían momentos complicados y que sería difícil escapar a su propia biografía, "quien soy yo para vivir más que mis antecesores", me comentó en alguno de nuestros encuentros. Pero cuanto tiene que ver esa biografía en su obra, eso es lo que hemos intentado desentrañar, si es posible. Serán aquellos discos de jazz y de cantautores franceses de su madre, mezclados con el folclore argentino y las polcas de Rivera que tanto le gustaban a su padre, los que fueron pergeñando a ese artista que hacía sus primeros pasos compositivos en francés y se presentaba en las kermeses cantando sambas. Y llegó la adolescencia y con ella llegó Bocha, con sus libros, sus discos de música clásica, los madrigales ingleses, la tropicalia, los cantautores europeos y llegaron los intercambios con los amigos, inquietos, buscando la palabra, la tonada, el sonido, forjando la belleza y si algo faltaba, un día llegaron los Beatles, los Rolligns, Dylan y Donovan, como antes Antoinne y el crisol estuvo colmado y a punto. Y así con sus jóvenes 17 años, Eduardo ya era dueño de un estilo, tan propio, tan singular, que asombraba. A eso habrá que sumarle una voz privilegiada y una búsqueda de la canción de corte poético. Eduardo nunca se consideró un poeta, los respetaba mucho como para igualarse. Su herramienta era la canción y él sabía que desde ese lugar el podía tomar a sus amigos lo poetas, cantarlos, tomarle versos. Por allí pasaba su definición, su postura de porque él no era poeta. Y Eduardo siguió buscando, creando, hasta llevar a El Notariado “El trigo de la luna”, el penúltimo disco de estudio y probablemente el último donde estuvo comprometido en todos los detalles. El espectáculo que sirvió de presentación a este disco, acompaña hoy a este libro, y es el Darno en su pedigree. Tal vez este sea el momento bisagra y a partir de 1990, a poco de cumplir sus 40 años Eduardo se irá desinteresando cada vez un poco más de lo artístico. Hay una conformidad con lo hecho y las novedades ya casi no serán tales, habrá una búsqueda en el baúl, de aquellas canciones que quedaron en el camino, fruto de una década anterior prolífica en la composición, ellas irán apareciendo en diversos espectáculos en solitario o acompañado. Algunas fueron tomadas por colegas y así llegaron al disco, otras deberan esperar 15 años para inmortalizarse, ya no en el negro círculo de un Lp, sino en la brillante y espejada cara de un cd. Eduardo podía se tan admirado como sacar de las casillas a muchos de los que lo querían, podía insultar sin usar nunca una mala palabra o brindarte el más cortés de los piropos. En muchas de estas ocasiones se encontraban el Darno y Darnauchans y nunca se sabía muy bien quien era quien. Pero si hay una certeza en todo esto, es que Darno – Darnauchans, era una persona querible, que supo consechar afecto a lo largo de su vida. Este libro, es la historia del Darno por el Darno. Los datos biográficos, las anécdotas familiares, son la verdadera verdad de su memoria, que quiero decir con esto: estos datos no fueron cotejados con otros familiares, me pareció importante que su historia, sus anécdotas, fueran según él. Por último debo decir que este libro fue pensado como un puzzle, donde el propio Darno y su entorno irían aportando las piezas, hasta llegar a una imagen casi acabada, que nos permita comprenderlo y conocerlo a él. Al Darno. Un tipo querible, un artista imprescindible. Marcelo Rodriguez Noviembre 2012

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